La huelga universitaria y las paellas

La huelga universitaria y las paellas

Publicado en Abc el 21 de marzo de 2024
Giuseppe Tomasi di Lampedusa fue un escritor de una única novela, “el gatopardo”,
que desgraciadamente solo se publicó tras su fallecimiento. No obstante, fue el origen
de una gran película de Luchino Visconti y ha dejado en los anales de la historia una
frase que es una y otra vez repetida «Si queremos que todo siga como está, es
necesario que todo cambie”.
La novela trataba sobre los cambios en la Italia de Garibaldi, pero se ha utilizado
recurrentemente para expresar esa sensación de que tras unos cambios más o menos
costosos, todo sigue igual. Esa sensación me queda tras comprobar los primeros
pasos de la aplicación de la ley de universidades que aprobó el año pasado el
gobierno de progreso. Newtral destacaba con su titular lo que consideraba más
importante de la nueva ley : “Claves de la ley de universidades: huelga reconocida
para los estudiantes y el fin de los colegios mayores segregados”. El mundo cambia a
una velocidad de vértigo, las necesidades de la sociedad con respecto a los futuros
egresados universitarios no son las mismas que hace años. Las nuevas tecnologías
suponen un reto, pero también ofrecen nuevas posibilidades de formación, sin
embargo, para el gobierno de progreso el aspecto clave es que no puede haber
colegios mayores dónde no convivan estudiantes de diferentes sexos. Todo ello
parece que debido a que durante la tramitación de la ley de universidades se produjo
un suceso, recogido por los medios de comunicación, de “cánticos machistas” en un
colegio mayor de Madrid en 2022.
Por supuesto los partidos nacionalistas han dejado su impronta en la nueva ley
obligando al Partido Socialista a incorporar el refuerzo de las agencias autonómicas de
evaluación de la calidad con competencias plenas, lo que destruye por completo la
idea de disponer de unos sistemas de evaluación homologados y únicos para todo el
país. En unos años el sistema universitario español dejará de serlo para llegar a ser un
conjunto de sistemas dónde ya no primará la excelencia de las buenas notas para
poder elegir la universidad dónde quieras estudiar, sino el lugar dónde naciste. Es
curioso que tal como parecen ser las nuevas exigencias en materia económica de los
socios nacionalistas de los socialistas, el resto de los españoles vamos a pagar las
universidades de vascos y catalanes, pero donde en breve nuestros hijos no podrán
estudiar en caso de que así lo deseen.
Por supuesto no se atrevieron a modificar en lo esencial el modelo de gobernanza de
las universidades, donde ahora son fundamentalmente los trabajadores de la
universidad los que eligen a su rector. Imaginen si en la empresa Mercadona o en el
Corte Inglés fuesen los trabajadores los que votaran a su presidente. Pues eso,
probablemente se olvidarían del cliente, en el caso de las universidades los
estudiantes. Nada de hablar de como mejorar la empleabilidad de nuestros
estudiantes, aspecto para mí critico y fundamental que debería fijar en gran parte la
financiación de las universidades. Pero parece que los estudiantes se han conformado
con el reconocimiento a los derechos a las huelgas y paros académicos.
Para mi sorpresa en la Universidad de Alicante ya nos ha llegado la notificación de
solicitud del primero de los paros académicos. Todo ello basado en una serie de
explicaciones bastante difusas, pero que pierden todo el sentido al haber hecho
coincidir el paro académico con el famoso día donde se celebran la fiesta de las
paellas universitarias. El éxito del paro académico está garantizado pero la credibilidad
de este, de los que lo convocan y de los que lo autorizan difícilmente podrá levantar el
vuelo.

La ministra que repetía curso

La ministra que repetía curso

Publicado en Abc el 1 de febrero de 2024
Antes se llamaba golpe bajo, ahora zasca, el caso es que la contestación del diputado de Vox
Joaquín Robles debió de doler a la ministra de Educación Pilar Alegría. Ocurrió en la
comparecencia de la ministra en la comisión de educación en el congreso de los diputados. La
ministra estaba haciendo un firme alegato contra la repetición de curso. “Suspender no sirve,
no ayuda ¿han seguido a las personas que suspendían en el colegio, saben dónde están?”.
Dejó la pregunta en el aire, ante lo que el diputado de Vox respondió “En el gobierno”.
Más allá de las risas que pudo provocar la ocurrencia del diputado y la cara de sorpresa de la
ministra, que con visible emoción había comentado los inconvenientes que tenía el repetir
curso, lo cierto es que este es uno de los problemas que asola la educación en España. Las
cifras de estudiantes que repiten curso en nuestro país son muy superiores a la mayoría de los
del resto de la Unión Europea.
Hace unos años en una conferencia, el ponente simplificaba el problema indicando que “Si en
primero enseñamos a sumar y en segundo a multiplicar, el profesor de este curso puede
suponer que sus estudiantes saben sumar. Pero ¿qué hacemos con el estudiante que no
aprendió a sumar en su curso?”. Las alternativas pueden centrarse en recuperar a ese
estudiante que, en un año concreto, en una situación concreta no aprendió a sumar. Partiendo
de la base que la mayoría de los expertos, la ministra también, apuntan que las repeticiones de
curso son contraproducentes, la solución sería que el profesor de segundo tratara de
recuperar a aquellos estudiantes que no sabían sumar.
La otra alternativa sería centrarse en aquellos estudiantes que con más o menos esfuerzo
aprendieron a sumar durante el curso. Así el modelo pasaría por que su aprendizaje no se
detuviese o ralentizase para tratar de poner a su nivel a aquellos que no lo hicieron durante el
curso pasado. Además de esta ralentización, es necesario valorar que en una sociedad tan
competitiva como la nuestra, el estudiante que se esfuerza y aprueba necesita ver dos cosas.
La primera es comprobar que él pasa de curso y la segunda que el que no aprueba no pasa.
Con ello puede justificar el sentido de esas horas dedicadas al estudio en vez de jugar al último
videojuego o ver unos cientos vídeos más de tiktok.
La solución de los sucesivos gobiernos casi siempre se ha centrado más en evitar la repetición
de curso, pero sin centrarse realmente en solucionar el problema, que en este caso sería que
el estudiante no sabe sumar. En muchos casos la solución dada por los profesores ha sido la de
bajar el nivel, con lo cual para pasar de curso es más sencillo, aunque no se sepa sumar. Pero
desafortunadamente bajar el nivel ha llevado implícita una bajada de la autoexigencia de los
estudiantes. Así, el problema se traslada al curso superior, al ciclo superior y así hasta llegar al
mercado laboral.
Soy optimista en el sentido de que, a pesar de todo, muchos jóvenes finalizan sus estudios con
una adecuada formación académica, sobre todo en determinados ámbitos donde en Europa se
los rifan. Pero si que me preocupa la degradación apenas imperceptible pero inexorable de
nuestro sistema educativo.
Considero imprescindible que la ministra de Educación coja las riendas y asuma el reto de
mejorar la formación de todos los jóvenes españoles independientemente de la autonomía en
la que estudien. Son necesarias más evaluaciones externas y desde el gobierno central en los
diferentes ciclos, a lo mejor sería sensato recuperar la propuesta de la reválida que hizo el
exministro José Ignacio Wert. También, es crítico involucrar a las familias en la formación de

sus hijos, los profesores jamás van a poder hacerlo solos. Formarse adecuadamente es
exigente, no se puede obviar que requiere habilidades y esfuerzo. Se trata no tanto de aprobar
a toda costa a un estudiante, sino ayudarle a que esté preparado para aprobar. Esto puede
suponer que en un determinado momento un estudiante pueda perder un tren, pero hay que
facilitar que coja el siguiente y continúe el viaje.

La hechicera y las matemáticas socioafectivas

La hechicera y las matemáticas socioafectivas

Publicado en Abc el 26 de enero de 2024


Aquello acabó en una masacre como no podía ser de otra manera. En un conflicto en
África, los miembros de una tribu que se enfrentaban al ejército de su país, acudieron
a la batalla con un arma revolucionaria. La hechicera de la tribu había lanzado un
embrujo a sus guerreros para que las balas de los soldados en vez de atravesarles
resbalaran sobre ellos. Una de dos, o el embrujo no funcionó o los soldados habían
aplicado un anti-embrujo a sus ametralladoras.
Ignoro la confianza con la que acudieron al combate los guerreros de la tribu, pero lo
que sí que parece que se resquebraja por momentos es la confianza en nuestro
sistema educativo. El último terremoto lo han desatado los desastrosos resultados de
los recientes informes Pisa, que miden el conocimiento aplicado y las competencias en
lectura, matemáticas y ciencias de los estudiantes de 15 años.
Las primeras reacciones de los gobiernos han sido excusas de mal pagador. La
ministra de educación, Pilar Alegría, reconocía que los resultados eran malos y que
estábamos a la cola, pero que el descenso en resultados había sido menor que el
ocurrido en otros países europeos. En Cataluña fue peor, rápidamente echaron la
culpa a los emigrantes para que nadie pensara que los hijos de la raza aria del procés
podían ser unos iletrados.
Pero al ver lo escasamente convincentes que han sido esas respuestas y el
comprobar, en los estudios de opinión, que la educación esta escalando puestos en la
preocupación de los españoles (aquí también incluyo a los de la raza aria del procés),
ha obligado a los gobernantes a mover ficha.
Obviamente la mejora de la educación requiere de una respuesta seria, firme y
conjunta en todo el territorio español, pero en la España del 2024 eso es imposible con
el muro que ha levantado Pedro Sánchez entre españoles. Así que cada uno por su
lado ha intentado proponer soluciones de forma independiente y para las comunidades
que gobiernan.
Obviamente los nacionalistas vascos y catalanes ni se plantean que desde el resto de
España les modifiquen un ápice de su modelo de enseñanza, aunque sus
comunidades han quedado en los últimos lugares del informe Pisa. Entiendo que no
quieren que nadie les obligue a explicar en historia, que la guerra de independencia en
Cataluña contra los Bórbones fue realmente una guerra de sucesión al trono español o
que la mayor gesta de los gudaris vascos en la guerra civil fue coger las de Villadiego
cuando olieron al primer legionario y pactar con los fascistas italianos la rendición.
Alberto Nuñez Feijoo ha realizado una propuesta interesante que es la de unificar, o al
menos coordinar, las pruebas de acceso a la universidad en todas las comunidades
dónde gobierna el Partido Popular. Además de los aspectos prácticos de cara a la
posterior elección de plazas universitarias al realizarse en las mismas fechas, es una
propuesta que podría unificar contenidos y exigencias sobre los mismos, lo que es un
primer paso para la mejora de la educación. Obviamente quedaría por concretar que
se haría con la importancia de los exámenes en las lenguas propias de cada
autonomía.
En el otro lado, el presidente Sánchez ha lanzado otra de sus propuestas fantasma, o
¿alguien ha visto alguna de los cientos de miles de viviendas públicas que prometió?
La solución la ha llamado “matemáticas socioafectivas”. Imagino para seguir en la

línea woke con la que los socialistas han destrozado la educación española con
sucesivas leyes educativas peores que las que sustituían.
La educación tiene que ser nacional, es una de las transferencias que jamás se
debería haber producido. Es obligación del estado garantizar que esa educación
facilite a nuestros jóvenes su incorporación a una sociedad y a un mercado laboral
cada vez más cambiante y complicado. Me temo que esto no está en el calendario de
ninguno de los dos grandes partidos, ni mucho menos en el de los nacionalistas, que
son los que ahora mandan.
Yo imagino al guerrero preguntándole a la hechicera si es fiable el embrujo para que
las balas resbalen. También al español de a pie, que quiere la mejor educación para
sus hijos, preguntándole a Sánchez si con las matemáticas socioafectivas sus hijos
saldrán más preparados. Ya les digo a ambos que no.

Erradicar el valenciano

Erradicar el valenciano

Publicado en Abc el 10 de enero de 2024


“Tomasina vella busca dona jove” es uno de los libros que heredé de la biblioteca de mi padre.
Escrita por el alcoyano Armando Santacreu, es uno de sus más conocidos sainetes con
temática de fiestas de moros y cristianos. Estas obras se representaban en valenciano en los
festivales que organizaba la asociación de San Jorge en Alcoy desde 1963, algunos de los cuales
seguro que contaron con asistencia de autoridades franquistas. Esos recuerdos siempre me
han hecho dudar de las afirmaciones victimistas de los nacionalistas valencianos que aseguran
que en época de Franco estaba prohibido hablar en valenciano. Yo siempre he contestado a
ese tipo de afirmaciones que a los que, por motivos de edad, estábamos allí no nos pueden
contar algo que no sucedía.
Descartado este asunto, el siguiente golpe que han recibido en el mentón los defensores de la
inmersión lingüística ha sido el reciente Informe Pisa, que ha dejado en muy mal lugar a las
comunidades autónomas que utilizan este método. La mentira del “cuantas más lenguas
aprendan más facilidad tienen para aprender otras“ ha dejado paso a la evidencia de que
estudiar materias complejas en una lengua que no es la tuya, inevitablemente lo dificulta
mucho más.
En Cataluña a pesar del desastre de su gestión educativa, los dirigentes independentistas
parece que no tienen propósito de enmienda siguiendo el lema “si al final son burros e
ignorantes por lo menos que sepan hablar en catalán”.
En la Comunidad Valenciana con el gobierno del tripartito de izquierdas se estaba aplicando la
misma política que en Cataluña, con lo que, en breve, los resultados muy probablemente
hubiesen sido los mismos. Afortunadamente el cambio de gobierno ha abierto una rendija a la
esperanza para que este modelo de inmersión lingüística se sustituya por algo más razonable.
Pero ha sido cuando el Conseller de Educación José Antonio Rovira ha hablado de realizar
estos cambios, cuando el victimismo independentista ha vuelto a aparecer con mensajes del
tipo “la extrema derecha quiere erradicar el valenciano” y con imágenes en su universo mental
con el presidente Mazón y el conseller Rovira vestidos de nazis quemando libros.
Parece que el objetivo inicial del nuevo decreto es otro. Lo poco que se sabe, ya que todavía
no circula ningún borrador de este, es que se pretende que sean los padres los que elijan la
lengua base con la que se impartirán las asignaturas troncales en los centros en los que van a
matricular a sus hijos.
A nivel lingüístico nuestra comunidad es muy heterogénea, y no se puede abordar de la misma
manera la educación en todas las ciudades y pueblos que la forman. Por eso me parece
razonable esa propuesta de que la lengua base de la educación no necesariamente tenga que
ser la misma, y me parece fundamental que sean los padres los que puedan elegir libremente
la lengua en la que van a ser educados sus hijos.
Pero no puedo esconder mi preocupación que tras siete meses de gobierno PP-VOX, no se
disponga de un borrador del decreto que pueda albergar esperanzas de ser aprobado de cara
al curso que viene. Tengo miedo de que los complejos de que les llamen “fachas” haga que el
gobierno de Mazón dude, y tampoco hay que olvidar que muchos miembros de su gobierno,
incluyendo a alguno de VOX, parece que son de Unión Valenciana pero que todavía no lo
saben.

Habrá que dejar cierto margen al conseller Rovira para que pueda llevar a cabo su propósito,
pero también habrá que hacer seguimiento de sus avances para que ante tanto impedimento
no se despiste.
Lo que sí que habría que erradicar es el victimismo nacionalista basado en hechos solo
existentes en sus mentes. Ahora es el momento de hablar del futuro de la educación de
nuestros hijos y este no se puede construir en base a las ensoñaciones nacionalistas a menos
que queramos verlos en unos años en comitivas por la calle San Vicente Ferrer con antorchas y
esteladas.
Volviendo a Armando Santacreu, otro de sus sainetes más famosos fue el de “Em veig negre pa
eixir de negre”. Me quedo con la sensación que tanto este sainete, como el de la Tomasina
hubiesen tenido mucha censura por parte de la izquierda woke actual, a pesar de estar escritos
en valenciano.

De payasos y tanques

De payasos y tanques


Publicado en Abc el 28 de diciembre de 2023

El conde Baltar era uno de los personajes del universo de la serie de televisión “Galáctica,
estrella de combate”. A pesar de ser un humano, traicionaba a los de su especie en la lucha
contra los cylons, que eran unos seres robóticos empeñados en acabar con la raza humana.
Baltar hacia creer a los suyos que los cylons querían la paz, y recomendó la firma de un
armisticio que los cylons aprovecharon para arrasar con todo lo que se movía en las colonias
habitadas por los humanos.
Si el conde Baltar viviese en los tiempos actuales en nuestra Comunidad, posiblemente sería
miembro destacado de Compromís. Compromís, acusado recientemente de ser un caballo de
Troya al servicio de Esquerra Republicana de Cataluña por su afán de impedir la ampliación del
puerto de Valencia, también ha sido el primero en criticar abiertamente la presencia del
ejército en Expo Jove, la exposición navideña que se celebra en Valencia de forma anual.
Y es que este año, el ejército español, dentro de su política de dar conocimiento de su tarea,
ha podido volver a formar parte de esa feria navideña. Era algo que los gobiernos de izquierdas
previos le habían negado por activa y pasiva en pasadas ediciones al estilo Ada Colau.
Pero alguien ha ido más allá de las simples críticas políticas y organizó una performance en la
que unos jóvenes disfrazados de payasos vertían cubos de pintura rosa sobre uno de los
tanques. Uno esperaba una crítica unánime a esa acción, pero el doble rasero de la izquierda
sigue vigente. Horrorizados cuando sus sedes son pintadas por algún vándalo, siempre
encuentran alguna justificación o incluso aplauden a los que violentan algún elemento de una
exposición, por muy militar que sea.
Por eso ya es difícil sorprenderte o indignarte por el respaldo o comprensión que la izquierda
valenciana ha dado a los jóvenes disfrazados de payasos, y que de paso aprovecharon para
criticar la presencia del ejército en la feria exposición como si fuesen unos apestados.
Curiosamente en sus declaraciones, dirigidas a unos jóvenes valencianos, hablaban de la
nefasta influencia de las armas de fuego en su formación. Por cierto, seguro que muchos de
esos jóvenes mientras los escuchaban, sonreirían para sus adentros mientras pensando que
esa noche jugarán al Fortnite o al Call of Duty en su consola.
Por cierto, como estos vándalos sigan disfrazándose de payasos van a hacer un daño
irreparable a esta figura, que debería estar fuera de esta polémica. Aun está latente la
performance que realizaron en el País Vasco, un grupo disfrazados también de payasos y
rodeados de niños, pidiendo la liberación de presos etarras. Deberían saber que disfrazarte de
payaso no blanquea tu acción si esta no es digna.
Volviendo a Expo Jove, puedo respetar que hubiese gente que se manifestase a la entrada y
diese folletos en contra de la presencia de ejército. Aunque parece que toda esta actuación
realmente tuviese como principal objetivo criticar la labor del gobierno actual del
Ayuntamiento de Valencia. Pero también es respetable asumir que el gobierno es ahora otro, y
que no está mal que los jóvenes conozcan la existencia del ejército, sus labores, e incluso que
en un futuro algunos quisieran formar parte de él. Finalmente, no puedo respetar a estos
payasos en su agresión y entiendo que su acto vandálico no quedará impune.
Sería ideal un mundo sin ejércitos y guerras, pero la historia de los humanos ha demostrado la
certeza de la frase atribuida a Julio Cesar de “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Y es
que además de la labor humanitaria que realiza el ejército español, se asume la necesidad de

disponer de un ejército moderno y preparado para solucionar cualquier contingencia que
podría pasar, pero que no pasa precisamente por disponer de este. Me temo que, si algún día
no dispusiésemos de ese ejército y lo necesitásemos ante una agresión, no estaría ni el Conde
Baltar ni Compromís para ayudarnos en tal eventualidad.

El PP,  ¿defenderá el castellano en Alicante?

El PP, ¿defenderá el castellano en Alicante?

(Publicado en Alicante Plaza el 27 de setiembre de 2023)

Como en la novela y en sus dos magníficas adaptaciones al cine, también en política “el cartero siempre llama dos veces”. El grupo municipal del Partido Popular del Ayuntamiento de Alicante va a tener que volver a posicionarse sobre el predominio lingüístico de Alicante. Actualmente y de forma curiosa, Alicante está definida como ciudad de predominio lingüístico valenciano, ¡quién lo diría cuando vives aquí!

El jueves se votará en el pleno del Ayuntamiento una vez más si se actualiza al castellano. En las anteriores ocasiones, el Partido Popular votó a favor de que se determinara Alicante como zona de predominio lingüístico castellano. Es cierto que en aquellas votaciones el voto del PP no era decisivo ante el sorprendente posicionamiento de los concejales del grupo municipal de Ciudadanos, que no apoyaron la propuesta con lo que fue rechazada.

Esta votación que puede parecer algo baladí, no lo es, ni mucho menos. Este posicionamiento implica realmente la lengua vehicular en el que se podrán o deberán impartir las asignaturas troncales en los colegios de la ciudad, porcentajes mínimos de docencia en valenciano, así como dar más o menos soportes a los proyectos lingüísticos que se defienden en algunos centros educativos. Es más, tal como apunta este mismo diario “La Conselleria de Educación que dirige José Antonio Rovira ha realizado una modificación de la Ley de Plurilingüismo a través de la Ley de Acompañamiento de 2024 para eximir a las zonas castellanohablantes de la Comunitat de la enseñanza en valenciano a partir del próximo curso escolar”. Fíjense si tiene implicaciones la susodicha votación.

Las últimas encuestas realizadas por la Conselleria demuestran que en la ciudad de Alicante el predominio de la lengua castellana sobre la valenciana es de siete a uno. También está demostrado lo que dificulta estudiar asignaturas de cierta complejidad en una lengua que no es la tuya.  Lo único que les queda a los detractores de ese cambio es la tradición histórica y las eternas referencias a la persecución malévola que, según algunos, hizo Franco del valenciano. Yo no vivía en Alicante en aquellos tiempos, pero sí en Alcoy, donde se utilizaba habitualmente el valenciano y no se notaba esa persecución. De hecho, recuerdo asistir con mis padres a sainetes representados en valenciano, en locales abiertos y nada ocultos como si fuesen bares durante la ley seca. Uno de esos sainetes del gran autor Armando Santacreu se titulaba “em vieg negre pa eixir de negre”. Dicho libro seguro que no se hubiese prohibido por Franco, pero lo hubiese tenido difícil hoy en día con los complejos progres de la actualidad.

Mas allá de mitos históricos, hay que preocuparse por el presente y futuro de nuestra educación. Por eso es importante saber cuál es el posicionamiento real de los concejales del Partido Popular en Alicante. El cartero ha vuelto a llamar a la puerta y vamos a poder comprobar es si cambiarán de opinión y votarán con los socialistas, independentistas y comunistas, o si están por la defensa del castellano y la libertad de elección de lengua vehicular en la escuela.

Curro Jiménez y la financiación de las universidades

Curro Jiménez y la financiación de las universidades

(Publicado el 16 de febrero de 2022 en Alicante Plaza)

El primer recuerdo que guardo de la famosa serie de televisión de los años setenta, “Curro Jiménez”, es que no me dejaron ver su estreno ante la aparición de los temibles dos rombos que marcaban la diferencia entre lo que era y no era apto para menores. Sí que la pude seguir con atención en las sucesivas reposiciones que tuvieron lugar. Recuerdo muchos de los episodios que narraban las aventuras de unos bandoleros en la España de la época napoleónica, pero guardo en mi memoria uno especialmente. En este episodio se narraba el curioso ofrecimiento, que harto de los continuos asaltos que sufrían, el gobernador realizaba al líder de los bandoleros, Curro Jiménez.  Este consistía en que se comprometía en darles una cantidad similar a la que ellos conseguían mediante los robos, pero sin que tuvieran que realizarlos. La justificación era muy sencilla, asumía que iba a ser robado igualmente, pero se evitaba todas las molestias y destrozos que le producían los atracos.

El bandolero acepta la proposición, que es bien aceptada inicialmente por todos los miembros de la banda, pero al poco tiempo se empiezan a producir los problemas. Y es que ante el aburrimiento de no tener nada que hacer, los bandoleros empiezan a beber más de la cuenta y a pelearse entre ellos. Y es que, como afirma el gobernador al descubrir su verdadera estrategia “la vida fácil arruina a los hombres”.

El filósofo Viktor Emil Frankl decía que “El hombre no necesita realmente vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta o una misión que le merezca la pena”. Da la sensación de que en los últimos años las universidades públicas han vivido sin esa meta o misión clara al no disponer de un modelo de financiación a largo plazo. La financiación que recibían por parte de la Generalitat estaba fijada temporalmente por unos parámetros del pasado que determinaban un suelo de tranquilidad.  Desafortunadamente, este modelo les impedía crecer si hacían las cosas bien y por otro lado ese concepto de temporalidad no les permitía embarcarse en proyectos a largo plazo. Sorprende el miedo que tiene el Consell a proponer un nuevo modelo de financiación que dé un necesario impulso a las universidades públicas valencianas. Lo retrasan una y otra vez, y se limitan a remitir a comités de expertos que algún día harán público su dictamen. Sinceramente, para mí lo grave es que no parecen comprender que es imprescindible un modelo de financiación de las universidades, que no solo dote de más medios, algo con lo que parecen conformarse los rectores, sino que los ligue a unos objetivos que permitan a nuestras universidades públicas ponerse a la vanguardia, fundamentalmente en conceptos que para mí deberían ser primordiales, como son la empleabilidad, la innovación y la transferencia de tecnología.

Para eso habría que ligar estos conceptos de forma notable al modelo de financiación de las universidades. Entiendo que es mucho más importante la empleabilidad que logran los egresados, que el número de los estudiantes que inician o finalizan un grado universitario.  Es curioso que cuando nombras la palabra “empleabilidad” junto a la de “objetivos”, provocas el mismo efecto en los responsables del tripartito que cuando Van Helsing entra con la cruz en el castillo del Conde Drácula. En la misma línea se encuentra cuando se plantea fijar objetivos de inversiones captadas y convenios de colaboración y transferencia universidad-empresa.

Y es que el modelo de financiación plurianual de las universidades que se debería aprobar en esta legislatura es una gran oportunidad para cambiar las cosas y para dar un impulso a las universidades públicas valencianas. Nuestras universidades cuentan ahora mismo con un capital humano de talento indudable que ha sido capaz de sobrevivir en tiempos difíciles y sortear con éxito todos los cambiantes modelos de acreditación universitaria. Ese capital humano sería un indudable pilar para ese esfuerzo común, pero se puede desperdiciar si no se fijan unos objetivos alineados con las necesidades de la sociedad valenciana.

Espero que algún día pongan en marcha ese modelo de financiación plurianual de las universidades públicas y no sea algo similar a lo que el gobernador le propuso a Curro Jiménez, “toma el dinero, pero no molestes”. A Viktor Frankl le fue de utilidad su política de objetivos para sobrevivir en los campos de concentración nazis, seguro que, a las universidades y a la sociedad valenciana también, y más todavía en estos tiempos tan cambiantes.

Un único examen de selectividad, y en español

Un único examen de selectividad, y en español

(Publicado en Alicante Plaza el 6 de junio de 2021)

Durante unos días se para el mundo para muchos estudiantes y, por ende, el de sus padres, profesores e institutos. Llegan oleadas a las universidades a realizar, probablemente, su examen más importante. Obviamente me refiero a los exámenes de selectividad, ahora llamados PAU, Pruebas de Acceso a la Universidad, aunque en otras comunidades tiene diferentes nombres.

Los que solemos o solíamos estar en la universidad en estos días, pueden comprobar en los rostros de los jóvenes la ilusión, tensión, miedo, miradas al futuro cercano o adioses a tu reciente pasado. Para muchos, estos días de examen pueden marcar si van a poder o no matricularse en los estudios y/o universidad deseada o tendrán que conformarse con una segunda o tercera opción. También es cierto que la mayoría de estos jóvenes todavía no tienen claro cual es esa primera opción o quizás no prefieren hacerse ilusiones sobre la misma hasta conocer el resultado de la PAU.

Para los que consideramos la medición y comparación de resultados como una forma de favorecer el progreso, la PAU es muy importante. Más allá de la forma en la que se realiza, cada país tiene su librillo, lo cierto es que este es el único momento en el que se realiza un mismo examen a todos los estudiantes de una comunidad. Con ello no solo se evalúa individualmente a cada uno de ellos, sino también a los profesores del bachillerato de cada asignatura. Por supuesto también para los colegios e institutos es muy importante, ya que, a los pocos días de conocerse el resultado de las pruebas, aparecen los “rankings” ordenados de cada uno de ellos. Esto es algo que afecta al prestigio de cada institución y a las matrículas en años venideros. Por supuesto tras la aparición de dichos rankings siempre aparece la eterna comparativa de público-privado-concertado, casi nunca concluyente.

Pero me gustaría destacar algo por el que tanto los gobiernos del Partido Popular como los del Partido Socialista han pasado de puntillas dentro de las posibles competencias del Ministerio de Educación. Obviamente, por el miedo a inmiscuirse en las competencias de sus barones autonómicos o los poderosos presidentes catalán o vasco, jamás se ha puesto de forma seria encima de la mesa la posibilidad de que la PAU permitiese al gobierno español conocer el estado de la educación de sus ciudadanos, cuya competencia ha delegado en las comunidades.

Ahora mismo, cada comunidad autónoma hace sus exámenes y evalúa a sus estudiantes, pero todos ellos compiten por las mismas plazas en grados universitarios de toda España. Algunos rectores ya han criticado que las calificaciones hinchadas que algunas autonomías otorgan a sus estudiantes, les permiten copar muchas de las plazas ofertadas en algunos estudios como los de Medicina.

Un mismo examen de PAU para todos los estudiantes españoles, independientemente de la comunidad en la que estudien obviamente sería más justo, algo más complicado a nivel de intendencia, pero perfectamente asumible. Pero esa justicia, además permitiría que el estado español pudiese comprobar que a sus estudiantes se les ha enseñado adecuadamente esos aspectos comunes acordados. Se puede asumir, también discutir, que se hayan delegado las competencias en educación, pero jamás se puede eludir la comprobación que esa delegación ha sido acertada. La PAU puede ser una fenomenal forma para hacerlo.

Por supuesto, en un momento en le que los nacionalistas redoblan sus esfuerzos para que la inmersión lingüística se imponga, también sería el momento para que la realización de la PAU en español o castellano permitiese garantizar su aprendizaje más allá de los dogmas repetidos una y otra vez por el Conseller Marzà y sus homólogos. Yo entiendo que ss imprescindible asegurar  que los jóvenes españoles saben utilizar correctamente la lengua oficial del Estado Español.

¿Gestionar un examen de PAU único y en español para todo el Estado sería complicado?, sin duda ¿Sería más justo y mejoraría el sistema educativo español?, sin duda también ¿Sería posible?, no será fácil, pero no hay que renunciar a ello.

Socialistas contra Alicante

(Publicado en el diario ABC el 21 de mayo de 2021)

«Da la sensación de que esta provincia siempre se ha encontrado lejos del gobierno del Botànic y que sus problemas siempre les han parecido menos importantes»

Hace escasos meses el president de la Generalitat, Ximo Puig, defendía en un discurso en las Cortes Valencianas “una España plural y diversa” y rechazaba “independentismos y centralización”. Pero rápidamente pasaba a centrarse más en lo segundo que en lo primero para poder atacar la que ha sido y sigue siendo su enemigo particular, que es la Comunidad de Madrid. Acusaba a Madrid de ser una gran aspiradora que se quedaba con los recursos, población, funcionarios y redes de influencia apoyándose en su efecto capitalidad.

Vamos, “dijo el muerto al degollado”, entiendo que no pensará lo mismo sobre el efecto aspiradora que también ejerce Valencia dentro de la Comunidad Valenciana. Habitualmente, el efecto capitalidad siempre ha sido un foco de atracción, que puede paliarse en mayor o menor medida en base a una serie de acciones que traten de equilibrar, al menos de acercar, la balanza a un punto medio.

Pero sesión tras sesión en les Corts, da la sensación que Alicante es molesta para el gobierno del Botànic, o más que molesta, que son incapaces de entender porqué no han caído en su influjo de inmersión lingüística y desaladoras. En el fondo da la sensación de que la provincia de Alicante siempre se ha encontrado lejos del gobierno del Botànic, y que sus problemas siempre les han parecido menos importantes.

Esta semana se debatía en Corts Valencianes la defensa del trasvase Tajo-Segura ante el cierre impuesto por el gobierno del socialista Sánchez. Este cierre perjudicaba notablemente a Almería, Murcia y Alicante. Ante la convocatoria de una reunión de los presidentes de las comunidades afectadas, el presidente Puig, afirmó que no iba a participar en un, palabras suyas, “aquelarre”. Lo del aquelarre es llamativo que lo dijera precisamente el que no tuvo reparos en reunirse con todos los presidentes independentistas de Cataluña.

Puig, reconoció el error de sus palabras y como penitencia se impuso para compensar, viajar con cara triste un par de veces a la zona del trasvase, por si algún pardillo caía y pensaba que iba a defenderlo. Así, en la sesión de les Corts tanto PSPV como Compromís votaron escasamente convencidos por la defensa del trasvase, mientras asumían con una sonrisa que los de Unidas Podemos no lo apoyasen. No hubo presiones, ni malas caras en esa ruptura de unidad de voto del Botànic, porque “total, es una cosa para Alicante”.

En cualquier caso, no parece que Puig y los suyos se vayan a empeñar demasiado en esa defensa del trasvase ante el presidente Sánchez, si ni siquiera son capaces de defender con dignidad la imperiosa necesidad de un cambio de modelo de financiación autonómica, ni la forma del inminente reparto de los fondos COVID. Es muy probable que todo acabará con un “lo que tú quieras Pedro”.

Pero además de todo esto, muchas comarcas de Alicante sufren esa incomprensión acerca de la complejidad que tiene la inmersión lingüística o lo que va a suponer la nueva ley de la función pública en la que el valenciano es un requisito para ser funcionario autonómico. Por cierto, hubo muchas risas en la bancada del Botànic cuando se formuló una queja por las burlas que se hicieron en los perfiles de las redes sociales de A-Punt sobre los alicantinos que se manifestaban por la libertad de elección de lengua.

Y, por último, ¿ustedes se imaginan que en cuatro meses el hospital La Fe de Valencia fuese a sufrir un cambio de modelo organizativo y ni pacientes ni trabajadores lo conociesen? Imagino que no, pero esto está ocurriendo en el Hospital de Torrevieja en la antesala de la llegada del verano. Pero no hay preocupación en el Botànic, parece que se preguntan “¿existe algo al sur de Gandía?”.

Socialistas contra Alicante

Socialistas contra Alicante

«Da la sensación de que esta provincia siempre se ha encontrado lejos del gobierno del Botànic y que sus problemas siempre les han parecido menos importantes»

(Publicado en ABC el 21 de Mayo de 2021)

Hace escasos meses el president de la Generalitat, Ximo Puig, defendía en un discurso en las Cortes Valencianas “una España plural y diversa” y rechazaba “independentismos y centralización”. Pero rápidamente pasaba a centrarse más en lo segundo que en lo primero para poder atacar la que ha sido y sigue siendo su enemigo particular, que es la Comunidad de Madrid. Acusaba a Madrid de ser una gran aspiradora que se quedaba con los recursos, población, funcionarios y redes de influencia apoyándose en su efecto capitalidad.

Vamos, “dijo el muerto al degollado”, entiendo que no pensará lo mismo sobre el efecto aspiradora que también ejerce Valencia dentro de la Comunidad Valenciana. Habitualmente, el efecto capitalidad siempre ha sido un foco de atracción, que puede paliarse en mayor o menor medida en base a una serie de acciones que traten de equilibrar, al menos de acercar, la balanza a un punto medio.

Pero sesión tras sesión en les Corts, da la sensación que Alicante es molesta para el gobierno del Botànic, o más que molesta, que son incapaces de entender porqué no han caído en su influjo de inmersión lingüística y desaladoras. En el fondo da la sensación de que la provincia de Alicante siempre se ha encontrado lejos del gobierno del Botànic, y que sus problemas siempre les han parecido menos importantes.

Esta semana se debatía en Corts Valencianes la defensa del trasvase Tajo-Segura ante el cierre impuesto por el gobierno del socialista Sánchez. Este cierre perjudicaba notablemente a Almería, Murcia y Alicante. Ante la convocatoria de una reunión de los presidentes de las comunidades afectadas, el presidente Puig, afirmó que no iba a participar en un, palabras suyas, “aquelarre”. Lo del aquelarre es llamativo que lo dijera precisamente el que no tuvo reparos en reunirse con todos los presidentes independentistas de Cataluña.

Puig, reconoció el error de sus palabras y como penitencia se impuso para compensar, viajar con cara triste un par de veces a la zona del trasvase, por si algún pardillo caía y pensaba que iba a defenderlo. Así, en la sesión de les Corts tanto PSPV como Compromís votaron escasamente convencidos por la defensa del trasvase, mientras asumían con una sonrisa que los de Unidas Podemos no lo apoyasen. No hubo presiones, ni malas caras en esa ruptura de unidad de voto del Botànic, porque “total, es una cosa para Alicante”.

En cualquier caso, no parece que Puig y los suyos se vayan a empeñar demasiado en esa defensa del trasvase ante el presidente Sánchez, si ni siquiera son capaces de defender con dignidad la imperiosa necesidad de un cambio de modelo de financiación autonómica, ni la forma del inminente reparto de los fondos COVID. Es muy probable que todo acabará con un “lo que tú quieras Pedro”.

Pero además de todo esto, muchas comarcas de Alicante sufren esa incomprensión acerca de la complejidad que tiene la inmersión lingüística o lo que va a suponer la nueva ley de la función pública en la que el valenciano es un requisito para ser funcionario autonómico. Por cierto, hubo muchas risas en la bancada del Botànic cuando se formuló una queja por las burlas que se hicieron en los perfiles de las redes sociales de A-Punt sobre los alicantinos que se manifestaban por la libertad de elección de lengua.

Y, por último, ¿ustedes se imaginan que en cuatro meses el hospital La Fe de Valencia fuese a sufrir un cambio de modelo organizativo y ni pacientes ni trabajadores lo conociesen? Imagino que no, pero esto está ocurriendo en el Hospital de Torrevieja en la antesala de la llegada del verano. Pero no hay preocupación en el Botànic, parece que se preguntan “¿existe algo al sur de Gandía?”.

Ilegalizando el talento y el esfuerzo

«Parece que la ministra Celaá quiere quitar las montañas del camino y también el conocimiento que se adquiere al cruzarlas»

Llevar gafas de cierta graduación era muy peligroso en el régimen de terror que impusieron los comunistas de los jemeres rojos. Se consideraba que las personas que utilizaban gafas eran debido a que leían mucho y que por tanto podía cometer el pecado de pensar y ser un peligro para el régimen. Empresarios, ingenieros y médicos  eran candidatos a ser  los desgraciados protagonistas de los fusilamientos que se realizaban habitualmente durante el mandato de terror que impusieron.  Sin ser tan salvajes como los jemeres rojos, hay  ignorantes que afirman que “las personas con talento suelen crear problemas”.

Ignoro si la ministra Celaa es una de las que realiza tal afirmación, pero lo que parece evidente es que el talento no va a ser promocionado en la futura ley de educación, una más, que regirá el destino de las nuevas generaciones. La banalización de los suspensos es uno de los aspectos más resaltados de la futura ley tanto en críticas como en  alabanzas. Hay algunos estudios que indican que los suspensos y las repeticiones de curso no suponen un acicate para mejorar las expectativas académicas del estudiante. Es posible que así sea. Repetir curso porque no has superado un número determinado de asignaturas, puede provocar un efecto más desmoralizador que otra cosa en el estudiante que lo sufre. Deja de ir a clase con los compañeros de su edad y con los que ha compartido unos cuantos años de experiencias, para empezar a ir a clase con unos nuevos compañeros más jóvenes. Quizá por ello, la ministra Celaa ha decidido que eso de repetir curso no debe ser algo muy progresista y ha habilitado una serie de medidas que van a facilitar pasar de curso aunque no tengas asentados los conocimientos impartidos.  Es probable que la ministra haya olvidado que el suspenso  y las repeticiones de curso en sí no son  solo una especie de castigo para un estudiante que no ha sido capaz de asimilar una serie de conocimientos. En cierta forma esas repeticiones de curso trataban de garantizar que los estudiantes que sí los habían superado, habían adquirido una base suficiente para poder aprender unos nuevos conocimientos. Debe ser difícil explicar que es la multiplicación, si hay estudiantes que no saben sumar.

Todos los españoles tienen que tener el derecho a poder estudiar, a aprender, porque la educación es sin duda la mejor forma de romper o superar las barreras sociales. Por eso, la ley educativa que quiere poner en marcha el gobierno de Sánchez, sin el suficiente consenso por cierto,  es un grave error que espero que sea de aplicación efímera.  Es imprescindible que las fuerzas políticas se pongan de acuerdo en una ley que premie el esfuerzo, trabajo, y que ayude a potenciar el talento. Que no se preocupe de criminalizar la educación concertada, sino que alinee a todo el sistema educativo a cumplir un objetivo común, a lo mejor fomentando la competencia sana para conseguir dicho objetivo.  Y por supuesto que se olvide de facilitar a dirigentes como el Conseller Marzà la tarea de relegar el español en la escuela.

Creo que todos les que hemos estudiado no hemos sido buenos en todas las asignaturas que hemos cursado. Algunas nos han gustado más o estábamos más preparados para ellas, otras sin embargo podían parecernos auténticas montañas en medio del camino. Es curioso que el esfuerzo al superarlas suele dejar un grato recuerdo y sin duda es parte del proceso de formación y preparación.  Parece que  la ministra Celaa quiere quitar las montañas del camino, también el conocimiento que se adquiere al cruzarlas. Algunos ya lo han calificado como legalizar la ignorancia, yo más bien diría que el objetivo es ilegalizar el talento y el esfuerzo.

John Ford y la universidad perdida

El mundo cambia a una velocidad de vértigo y la universidad debe ayudar a adaptarnos a los cambios.

(Publicado en el diario Información el 16 de Octubre de 2018)

Un pelotón de soldados durante la primera guerra mundial marcha por el desierto de Mesopotamia con el objetivo de realizar una misión secreta que solo conoce el comandante que dirige el grupo. Desgraciadamente, unos bandidos asesinan al comandante, quedando  al pelotón en medio de un desierto sin conocer cuáles son sus objetivos y si éstos son más importantes que sobrevivir. Éste es el argumento de «la patrulla perdida», una de las primeras películas dirigidas por el gran John Ford.

Es curioso comprobar cómo evolucionan los personajes del film ante los nuevos retos que les van surgiendo. También cómo se incrementan las dudas, que si para afrentarlos, es mejor hacerlo de  forma individual o en equipo. Lo que parece pasar a segundo plano rápidamente es el objetivo real que les llevó a ese atolladero.

Salvando las distancias, la situación de los protagonistas me recordó a la de la universidad pública en el siglo XXI. Me preguntó constantemente cual es nuestra misión, si todos los miembros de la comunidad universitaria la tenemos clara y por supuesto si es la misma.

No podemos olvidar que la universidad pública mantiene su prestigio, por ejemplo, estudios como el que realizó recientemente la empresa Everis, pone de manifiesto que los empleadores siguen prefiriendo a los graduados en la universidad pública que a otro tipo de formaciones.

No obstante, cada vez aparecen más voces que lo ponen en duda. Es evidente que además de los escándalos de los máster y títulos de doctor del “todo a cien”, parece haberse agrandado la brecha entre lo que demandan las empresas y la formación que ofrecen las universidades. 

El mundo cambia a una velocidad de vértigo y la universidad debe ayudar a adaptarnos a los cambios, como también ha servido para reducir la brecha social entre los ciudadanos. Pero desgraciadamente a mí me da la sensación de que estamos en otras cosas. Los dirigentes educativos parecen haber olvidado la universidad, y en muchos casos, los dirigentes de ésta parecen conformarse con incrementar la financiación y  que no les pidan cuentas por su gestión.

Por otro lado, los nuevos modelos de contratación universitaria o de progreso dentro de la carrera docente han condenado al profesor a centrar todo su trabajo en publicar  muchos artículos de investigación en unas determinadas revistas de gestión privada. Lo que mide tus posibilidades no es la forma en la que impartes las clases, ni lo relevante de tu investigación, tan solo el número de publicaciones en dichas revistas seleccionadas. Publicaciones, que a veces cuestan entre ocho y doce meses, que a la velocidad que va el mundo el siglo XXI parecen siglos y que además suelen tener una difusión de la investigación mucho más reducida que otros modelos.

Esto me permite volver a la patrulla perdida, conlleva a que sobrevivir en el desierto lo debo resolver principalmente de forma individual, no importa lo que aprenden mis estudiantes sino el número de mis publicaciones. Además, no ha existido una correlación entre el brutal incremento de publicaciones de universitarios españoles en dichas revistas, con un incremento de caso de transferencia de conocimiento a la empresa.

Así, esa misión que escondía el comandante, parece limitarse a publicar artículos. Pero yo entiendo que deberíamos plantearnos otros objetivos, ya que no podemos consentir que exista una demanda de cientos de miles de puestos de trabajo específicos mientras se incrementa el número de graduados universitarios en paro o que realizan tareas por debajo de su formación. Pero, las reivindicaciones parecen ser otras: bajar precios de matrículas, dar más becas, incrementar el número de aprobados, facilitar que los estudiantes realicen dos grados y tres máster, pero nadie parece preocuparse por incrementar el índice de empleabilidad de los universitarios que finalizan sus estudios en cada universidad.

Pero para centrarnos en ese objetivo la queja habitual es doble. Por una parte, si los estudiantes son peor que los de antes, aunque yo no creo que exista ninguna nueva teoría darwiniana que justifique esto. Y la segunda, la famosa gobernanza universitaria que obliga a los rectores, o los que lo quieran ser, a depender de sus trabajadores.

Pero sin discutir estos aspectos, imagine usted que los criterios de financiación de las universidades públicas dependieran del grado  empleabilidad de los estudiantes que forman. Que los profesores más allá de nuestro trabajo individual haciendo artículos fuésemos valorados por el resultado de la formación que impartimos en equipo a nuestros estudiantes. Probablemente, todos los estamentos de la universidad se focalizarían en conocer las demandas de la sociedad y articularíamos mecanismos para adecuar nuestra formación rápidamente a dichas necesidades.

Pero para eso, deberíamos tener claro que ese es nuestro objetivo, ya que como decía Séneca, “ningún viento favorece al que no sabe dónde va”.